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Era un viaje largo para llegar a nuestro destino. Llegaríamos a la nieve, y nos quedaríamos en unas cabañas. El camino era 15 horas en auto, pero no entraré en detalles sobre el camino.

Eramos muchos, varias familias. Dos cabañas, pero sin embargo, todos siempre se encontraban en una.

En fin llegó el día en que iríamos a jugar con la nieve. Todos se trompezaban con uno y el otro, buscando zapatos, lipstick (quién sabe por qué), gorros y guantes. Unos comían, otros se bañaban, otros se quejaban. En fin, las cuatro camionetas estaban en fila, listas para marchar hacia la nieve. Después de manejar 20 millas por hora, por unos treinta minutos, llegamos a la orilla de una montaña llena de nieve. Solamente había un problema: Todos en el area parecían esquiadores profesionales. Ninguno de nostros veníamos preparados para esquiar. Sólo llevábamos resbaladeras, redondas de plastico Rubbermaid, resemblaban mucho a las tapaderas de la basura. Que pena. Pero no nos hechamos atras. Nos estacionamos. Hasta nos atrevinos ha entrar en su territorio. Se nos quedaban viendo como si llevábamos trajes de baño puestos. Has de cuenta.

Tardamos un poco en convencer al coordinador que nos saliéramos de allí. El se aferraba a tratar un poco el tal famoso skiing. Pero era el único valiente. Nadie le seguía la corriente. Y como fue así, se dió por vencido.  En fin, de nuevo, como patitos de tras de su mamá, nos salimos de la area profesional y encontramos un lugar abandonado, con lomitas pequeñas, lugar de principiantes.

En todo este tiempo ha estado nevando. Ligéramente, pero nevando. El vientecito le daba corriente al frío. Estaba HELADO. Nos estacionamos de nuevo, bajamos todo nuestro equipaje de principiantes, los niños se emocionaron, y pun. Las mamás se acababan de dar cuenta de que no se podía ir a la nieve de tanguita con pantaloncillos de algodón delgado. Pero andaban de moda, eh. En otras palabras, se les congelaban las nachas. Y su palabra era ley. Obviamente no habían leído la agenda del día: Iremos a la nieve, favor de dejar sus tangas y pantaloncillos de algodón delgado en casa.

Sólo alcanzamos a tomar una foto. La única prueba de que anduvimos en la nieve. (A whole two minutes!)

Esta vez, desilucionados, algo molestos, nos subimos a las camionetas. Pero esta vez a rumbo a las dichosas cabañas.  

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