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La vida siempre ha sido inpredictible. Siempre. Hasta el momento en donde un señor se le acercó para contarle su futuro.

Ella recuerda como lo trataba de ignorar. Ella seguía con el cuidado de la tienda. Doblaba las camisetitas de los niños en el aparador. Camisetitas para niños recién nacidos, vestiditos para niñas de tres meses, preciosidades. Organizaba los pantaloncitos que lucían colgados, muy modernos. El la seguía con un ojo hambriento. El prometía contárselo todo.

Ella se dirigió a la entrada de la tienda, donde las cámaras no alcanzaban a ver. Corrían rumores que los dueños de la tienda eran tan desconfiados que recorrían las grabaciones cada noche. No vaya a ser que unos de sus empleados esté abusando de su confianza.

En la mesa de ropa, él le pidió que ella escogiera unos papelitos hechos bola que se encontraban en un contenedor. Cada papelito escondía números diferentes. Todo le pareció divertido a ella. Ella escogió el primero, el segundo, el tercero… y en fin él le dijo quer era suficiente. Cuando él le iba explicando el significado de cada número en su respectivo orden, el pausó en uno de ellos.

Le dijo- O, algo malo te va pasar. No es bueno. O… algo va a pasar.

Ella se quedó paralizada. Tocó su estómago y no quizo entender.

El hombre de tez oscura siguió- Tendrás mala suerte en un momento cercano. Pero en tal año te irá mejor.

En cambio de su futuro que le acababa de revelar, el señor con una sonrisa en su cara, (ya que había hecho una conquista), le pedía a ella que le regalase un cambiesito de la tienda para su hijo. Ella se lo negó. En fin, ¿qué tanto le había contado? Que algo malo le sucedería, ¿pero que no se preocupase por que algo bien vendría en unos cuantos años? ¿Qué tonterías son esas? Y, ¿por eso el reclamaba un premio? ¡No! Ella no se lo daría.

El señor foreño seguía sus rondas en la tienda. Hasta que en fin él no se retiraba del mostrador con su trajesito en mano. No le quedó de otra. Ella buscó $20 de su bolsillo para pagar el trajesito azul.

Hasta este momento ella espera ese dichoso año. No recuerda el año que le había indicado.  Tal vez se lo borró de la memoria por razones de esperanza. Su salvación es, “Ese dichoso año será el siguiente…” Y siempre es el siguiente, nunca el presente.

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